SANTI-TESTIMONI - PARROCCHIA SANT'ANDREA APOSTOLO

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Sant'Andrea Apostolo


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SANTI-TESTIMONI

“La piccina non ce la farà”
Oggi è una brillante suora di 100 anni!
Suor Anna Maria del Sacro Cuore delle Adoratrici del Santissimo Sacramento, entrata in convento a 72 anni, è infermiera e assiste le Sorelle ammalate


La suora centenaria canta e prega tutti i giorni, spesso in solitudine. Non è difficile trovarla in ginocchio, nel convento di Seregno (Milano), dove è arrivata dieci anni fa da quello di Genova Albaro.
Ma Suor Anna Maria del Sacro Cuore delle Adoratrici del Santissimo Sacramento non si limita a questo! Quando non prega, si dedica alla cura e all’assistenza in infermeria alle consorelle malate e assai più giovani.
Il suo “record” è però un altro. La religiosa è entrata nel convento di Genova, come novizia, a 72 anni! Sicuramente un’età “anomala” per una novizia.
“La piccina non c’è la farà”
Aveva tre mesi e mezzo – scrive Avvenire (3 agosto), che ha raccontato la sua storia – quando fu colpita da una broncopolmonite fulminante: era l’estate 1920, a quei tempi la malattia che aveva aggredito la neonata Anna Perfumo, in frazione San Carlo di Roccagrimalda (Alessandria), non era curabile.
Il medico rispose alla mamma Maria che gli chiedeva di tornare a visitare la bimba il giorno dopo: «È inutile, domani la piccina non c’è più». La mamma si inginocchiò e chiese al Signore: «Salvala, La lascio tutta a te».
L’allora bimba Anna, oggi suor Anna Maria del Sacro Cuore delle Adoratrici del Santissimo Sacramento, ha festeggiato – in piena salute di corpo, di spirito, di mente e di autonomia di movimento – i cento anni con le consorelle nella clausura del Monastero di Seregno,
Educatrice della famiglia di armatori Costa
La sua vocazione è stata tardiva perché la vita le ha frapposto “ostacoli” che hanno rinviato nel tempo il suo irrinunciabile desiderio di contatto diretto con Gesù.
Anna ha fatto la maestra a Chiavari, diventando educatrice dei numerosi figli delle famiglie degli armatori “Costa” di Genova, famosa in tutta il mondo per le navi da crociera, seguendoli a lungo nelle residenze di Rapallo e preparandoli uno per uno al superamento degli esami scolastici e alla Prima Comunione.
La salute della mamma
Quando si era sentita pronta a entrare in Monastero, erano subentrati problemi di salute della mamma (morta poi a 98 anni) e la necessità di aiutare in casa, poiché le sorelle Paola e Maria Vittoria intendevano studiare e non c’erano soldi.
Tuttavia, prosegue Avvenire, non abbandonava la sua intenzione, dedicandosi all’insegnamento religioso negli asili parrocchiali di Genova e, vista preclusa momentaneamente la via che le urgeva nel cuore, assistendo per 30 anni un sacerdote malato e provvedendo alle preparazioni spirituali di molti ragazzi genovesi.
“Ha agito la mano del Signore”
Nel frattempo laureatesi, sposatesi e diventate madri le sorelle, la prima a Genova e l’altra a Treviglio, venuti a mancare il papà Giacomo e la mamma (1991), ecco riaffiorare il desiderio della clausura: ma quale convento l’avrebbe ospitata a 72 anni? «La mano del Signore ha agito facendomi incontrare un parroco di Genova che mi ha proposto tre soluzioni: Vada, si presenti, e vedrà che il Signore Le sarà vicino».
Il 1992
La “profezia” si avverò. Anna entrò subito in convento (1992) e cominciò il percorso di preparazione vissuto con grande gioia, a contatto con ore di Adorazione al Santissimo, esempio per le consorelle, ammirate da così matura e totale disponibilità alla realtà claustrale.
105: I SACERDOTI CADUTI PER LA PANDEMIA DEL COVID-19
SUOR JOHANA RIVERA RAMOS
 
Martire del coronavirus a 33 anni
Addio all’angelo custode dell’infanzia non udente. La pandemia ha ucciso una religiosa colombiana 33enne impegnata in prima linea nell’assistenza dei bambini sordi. In quaresima suor Johana avrebbe dovuto emettere la sua professione perpetua, “questo purtroppo non è accaduto, ma siamo sicure che dal cielo abbia emesso i voti finali davanti al Signore”, raccontano a Fides le sue consorelle: “Sarà sempre ricordata come una persona molto sorridente, una combattente, che ha dato l’anima, la vita e il cuore. Ci mancherà, ma anche i bambini, i giovani e le famiglie che hanno visto in lei una grande testimonianza di vita“.
Siempre fue positiva. A Dios cuando la llamó le dijo “sí”. Por eso su vida siempre fue un sí. Sí a la vida. Sí al servicio. Sí a los jóvenes. Siempre fue un sí. Hermoso testimonio. Hoy en día que sentimos tanta fragilidad en nuestras vidas y estamos asustados; el testimonio de la Hermana Johana, nos estimula. Ella siempre fue sí a todo lo que Dios nuestro Padre le pidió. Toda su vida fue positiva. Y por eso, que las autoridades sanitarias nos digan que salió positiva en sus exámenes, de por sí no nos extraña; su final un gran testimonio. Recuerdo con cariño, la primera vez que leí un escrito de un famoso teólogo peruano, que tituló uno de sus escritos “Beber de su propio pozo”. Qué bueno que puedo decirle a toda la Iglesia Arquidiocesana, a nuestro presbiterio, a nuestros religiosos y religiosos, a la CRC y a todos los laicos, que podemos “beber” de la vida de la Hermana Johana. Fue una vida luminosa, cuando Dios la llamó, le entregó con cariño toda su vida y donde su congregación y la Iglesia la colocaron, dejó la buena huella de las “vidas ejemplares” de las cuales nos habla el Papa Francisco. Las vidas que tenemos que valorar en la “barca en la que vamos juntos” y de una manera muy especial, en estos momentos que hay tempestad y tormenta, y nos da miedo naufragar. Ella en su corazón siempre escuchó la Palabra de Jesús: “No tengan miedo”. Entregó todo. Su fallecimiento es el culmen de lo que fue toda su vida. Como Jesús, murió en la cruz, en esa que nos da tanto temor a los que vivimos “en estos tiempos difíciles”, pero “tiempos de gracia y salvación”.  
A continuación quiero compartir con ustedes una corta semblanza que escribí el día 27 de marzo, hace dos días, cuando la hermana Johana Rivera Ramos, llegó al cielo. Estoy seguro que así fue. La fe me lo dice y yo no dudo. Ella llegó al cielo y fue recibida por Papa Dios, que la esperaba para que hiciera su profesión perpetua. Y en ese encuentro Papa Dios le recibió los votos y todos en el cielo la aplaudieron por el testimonio de su vida. Y es que la Hermana Johana, fue a cabalidad una fiel discípula de Jesús Maestro. Y no falló en ninguno de los pasos del “discipulado” que realizamos todos en la Arquidiócesis de Cartagena y que nos permite dar sentido y felicidad a nuestras vidas. Porque es un compromiso de vivir como el Maestro. Y Johana aprobó todas las pruebas. Y hoy en día ha entrado en el “Gozo de su Señor”.
*SEMBLANZA DE LA HERMANA JOHANA RIVERA RAMOS*
Queridos Hermanos y Hermanas:
En la madrugada del día 27 de marzo, nuestro Padre Dios llamó a su hija y religiosa Johana Rivera Ramos a la Vida Eterna. “Johana entra en el gozo de tu Señor”
Había nacido en San Martín de Loba hace 33 años, como Jesús, el Señor, y como el Padre Caled Torres, nuestro querido hermano que hace dos años también llamó Dios a la Gloria Eterna.
Pertenecía a una familia sencilla, humilde y católica, como la gran mayoría de las familias de nuestra Iglesia Arquidiocesana. Su padre y su hermano fallecidos. Su mamá Ana y sus tres hermanas, le sobreviven. Seguramente están sufriendo mucho en la despedida de su hija y hermana. ¡Ánimo! Su hija cumplió y ya el Señor la tiene coronada en el cielo. Los acompañamos con cariño.
Se enamoró de la Comunidad de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada en el año 2012. Hizo su primera profesión en la Parroquia de San Nicolás de la Roca, barrio El Socorro, el 20 de enero de 2015. Este año 2020, fue llamada por su Congregación a la Profesión Perpetua que se iba a realizar el 25 de marzo. Pero el Señor cambió la fecha y el lugar. Pudo hacer su Profesión Perpetua en un lugar increíble: el cielo. Y su profesión la recibió directamente Papa Dios. Sus hermanas de Comunidad Religiosa sufren mucho, María José y Chelo. Les ha sido muy duro la partida de su hermana, con la cual compartían todo. Las acompañamos con mucho cariño. También a la Hermana Ángela que vive en Roma  y que residía en la Fraternidad cuando ella se vinculó a la Congregación. ¡Ánimo Hermanas Franciscanas de la Inmaculada! La vida de la hermana Johana es fecunda. Es una semilla que va a dar muchos frutos. Y en este caso muchas vocaciones. El testimonio de Johana es la mejor Pastoral Vocacional que ustedes pueden hacer en la Iglesia Arquidiocesana. Seguramente muchas niñas, querrán vivir como Johana.
Era abogada graduada en la Universidad Popular del Cesar (Valledupar) y estudió Teología en nuestro Seminario Provincial San Carlos Borromeo, aquí en Cartagena. Tenía un vínculo muy grande con nuestra Arquidiócesis. Mucha gente la conocía, porque era simpática y misionera. Ella le proponía a todo el mundo encontrarse con Jesús, que fue el gran acierto de su vida. Colaboró con la Pastoral Juvenil, ¡cómo la están extrañando los jóvenes! Y con la Pastoral Familiar Arquidiocesana. Coordinaba la Misión Permanente de la Parroquia de la Divina Providencia. Allí habló mucho de la persona de Jesús, en las Pequeñas Comunidades Eclesiales e invitó a todo el mundo, a que se hiciera discípulo de Él. Trabajaba también, en la obra que su Congregación tiene en Arjona, allí les dejó el mejor recuerdo a todos esos niños que acuden al Centro Pastoral que las Hermanas dirigen en esa población. En la Arquidiócesis la vamos a extrañar mucho. Pero estamos seguros, de que muchas personas, especialmente, muchas jóvenes, querrán ocupar el lugar que ella les deja y que la hizo feliz. Johana, te vamos a extrañar mucho en la Arquidiócesis. A pesar de que tu presencia aquí fue corta, porque fue corta tu vida, te agradecemos todo lo que hiciste: tu testimonio, tu entrega misionera, tu alegría, tu servicio a los jóvenes y a las familias. Te vamos a extrañar mucho. Pero tenemos la seguridad de tener la mejor intercesora en el cielo. Háblale a Papa Dios de nosotros. Dile que nosotros lo amamos mucho. Que nos cuide, que nos proteja, que nos dé mucha alegría para anunciar el amor que Él nos tiene. ¡Te queremos, Johana, te queremos!
Trabajó dos años en el Perú en la obra que su Congregación tiene allí. Seguramente dio el mismo testimonio que aquí edificó a nuestra Iglesia de Cartagena.
Es la primicia de la Arquidiócesis en estos tiempos benditos que vivimos todos los que viajamos en la misma barca. En los tiempos de la pandemia que nos azota a todos. Es la semilla de la mejor calidad. Dará muchos frutos, será muy fecunda.  
Gracias Johana: ¡te queremos, Johana, te queremos! Ruega a Dios  por nosotros que continuamos en este “valle de lágrimas”. Adiós.
Jorge Enrique Jiménez Carvajal, Arzobispo de Cartagena.
sacerdote dona il suo respiratore a un malato più giovane e muore
saN GIUSEPPE MOSCATI, MODELLO DEI NOSTRI MEDICI CONTRO IL CORONAVIRUS
San Giuseppe Moscati, il santo dottore
modello dei nostri medici contro il coronavirus
L’esempio dei santi aiuta a curare l’anima, quello dei medici il corpo. San Giuseppe Moscati concentra queste due caratteristiche in un connubio mirabile. In questi giorni drammatici di emergenza sanitaria mondiale la sua testimonianza è da ammirare e imitare non solo da parte degli operatori sanitari, ma anche dai credenti e da chi non ha il dono della fede. Definito il “medico dei poveri” è stato uno dei precursori della cosiddetta “umanizzazione della medicina”, ossia quell’orientamento a dare una rinnovata attenzione e assistenza ai sofferenti.
Nato a Benevento nel 1880 e vissuto a Napoli è stato canonizzato da Papa Giovanni Paolo II nel 1987. Mente brillante di medico, primario e ricercatore di fama mondiale non sapeva cosa significasse il carrierismo. Non ha mai utilizzato le sue qualità e capacità come un privilegio, un titolo di merito di cui fregiarsi, ma come un titolo di servizio da donare per il bene degli altri. Molto prosaicamente era convinto che alla fine “onori, trionfi, ricchezza e scienza cadono” e la “vita è un attimo”. “Il movente della sua attività come medico – ha affermato Giovanni Paolo II nella cerimonia di canonizzazione – non fu dunque il solo dovere professionale, ma la consapevolezza di essere stato posto da Dio nel mondo per operare secondo i suoi piani, per apportare quindi, con amore, il sollievo che la scienza medica offre nel lenire il dolore e ridare la salute”.
Giuseppe Moscati considerava l’Eucaristia come centrale nella sua vita ed esprimeva fraterna condivisione verso quanti conoscevano l’esperienza del dolore, animato dallo Spirito di Gesù che, con la potenza dell’amore, ha ridato senso e dignità al mistero della sofferenza. Dinanzi alla precarietà dell’esistenza umana considerava – scrivendo una lettera a un notaio privato tragicamente dell’affetto della giovane figlia – che di eterno c’è solo l’amore, “causa di ogni opera buona, che sopravvive a noi, che è speranza e religione, perché l’amore è Dio. Anche l’amore terreno Satana cercò d’inquinare, ma Dio lo purificò attraverso la morte. Grandiosa morte che non è fine, ma è principio del sublime e del divino”. Ma il “medico dei poveri” non si arrendeva mai fatalisticamente alle avversità come ineluttabili, anche quando le speranze erano ridotte al lumicino. Nel 1911, durante l’epidemia di colera che affligge Napoli, non solo è accanto ai malati senza paura del contagio, ma in prima linea con le sue attività di ricerca che contribuiranno molto a contenere la malattia.
I suoi successi, però, non gli fanno perdere il senso della realtà e comprendere quali siano le cose davvero importanti. A un suo assistente, infatti, scrisse: “Non la scienza, ma la carità ha trasformato il mondo, in alcuni periodi; e solo pochissimi uomini son passati alla storia per la scienza; ma tutti potranno rimanere imperituri, simbolo dell’eternità della vita, in cui la morte non è che una tappa, una metamorfosi per un più alto ascenso, se si dedicheranno al bene”. La sua vocazione era un insieme di studio, sensibilità ed esperienza; una missione umana e spirituale che andava oltre le competenze scientifiche. “Si tratta – come indicato da Papa Benedetto XVI – della ‘scienza cristiana della sofferenza’, indicata esplicitamente dal Concilio come ‘la sola verità capace di rispondere al mistero della sofferenza’ e di arrecare a chi è nella malattia ‘un sollievo senza illusioni’”.
Come accennato all’inizio, San Giuseppe Moscati era fermamente convinto di non doversi occupare solo del corpo ma dell’anima dei pazienti. Raccomandava sempre agli ammalati, nel congedarli, le medicine essenziali dei Sacramenti, la Confessione e la Comunione. Si narra che un giorno curava un operaio a cui era stata diagnosticata la tisi ma invece si trattava solo un ascesso al polmone. L’uomo si stava apprestando a versare l’onorario al professore ma lui non ha accettato dicendo: “Se veramente mi vuoi pagare, vatti a confessare, perché è Dio che ti ha salvato”.  Nel suo studio privato accoglieva tutti – anche personaggi importanti come il celebre tenore Caruso – e non faceva pagare i poveri, anzi talvolta era lui stesso a offrire loro del denaro. Nella sala d’attesa c’era una scritta per chiarire le modalità di pagamento della parcella: “Chi può metta qualcosa, chi ha bisogno prenda”. Aveva ben presente la figura del “buon samaritano”: le persone più disperate e disprezzate erano per lui l’immagine di Gesù, anime immortali, divine, da amare seguendo il comandamento evangelico di amarle come sé stessi.
 

 
Martirio di S. Andrea Apostolo da una lettera scritta originariamente in latino dai sacerdoti delle chiese d'Acaia
I. Tutti noi sacerdoti e diaconi delle chiese d'Acaia, scriviamo a tutte le chiese costituite nel nome del Cristo a oriente e a occidente, a mezzogiorno e a settentrione, il racconto del martirio del santo Apostolo Andrea, del quale siamo stati testimoni oculari.
Pace a voi e a tutti coloro che credono in un solo Dio, perfetto nella Trinità, vero Padre e dimora nel Figlio e che il Figlio unico è colui che egli ha generato.
Noi abbiamo appreso questa fede da sant'Andrea, Apostolo di Nostro Signore Gesù Cristo del quale ci accingiamo a raccontare, come meglio ci sarà possibile, il martirio, dopo esserne stati testimoni.
II. Il proconsole Egea, entrato nella città di Patrasso, si pose a costringere coloro che credevano in Cristo a sacrificare agli idoli. Andrea gli andò davanti e gli disse: « Sarebbe necessario che tu, che sei stato stabilito giudice dagli uomini, riconoscessi il tuo giudice che è nel cielo e gli rendessi onore, perchè egli è il vero Dio, e che rendendogli onore distogliessi il tuo spirito da quelli che non sono veramente dei ».
Egea rispose: «Sei tu, Andrea, che distruggi i templi degli dei e persuadi gli uomini ad aderire ad una setta superstiziosa, e che gli imperatori romani hanno da poco scoperto e ordinato di annientare».
Andrea rispose: «Gli imperatori romani ignorano ancora che il Figlio di Dio, venuto a questo mondo per la salvezza degli uomini, ha insegnato che quegli idoli non sono dei, ma demoni detestabili e nemici del genere umano che spingono gli uomini a diffondere Dio, fin che essendo offeso egli si distolga da loro e non li esaudisca più e in tal modo essi divengano prigionieri del diavolo, il quale li inganna fino a quando muoiono colpevoli e nudi, portando con loro solo i loro peccati.
X. Allora Egea irritato ordinò che fosse confitto alla croce, dopo aver prescritto ai carnefici di legargli le mani e i piedi in maniera di tenderglieli come su un cavalletto, affinché, confitto alla croce, non morisse rapidamente, ma sostenesse le sofferenze di un supplizio prolungato.
Mentre i carnefici lo conducevano al patibolo, si fece un grande assembramento di popolazione che gridava e diceva: «Che delitto ha commesso quest'uomo giusto e amico di Dio per essere condannato alla croce?»
Ma Andrea pregava il popolo di non opporsi al supplizio, e andava pieno di gioia e di esultanza e non cessava le sue esortazioni. Giunto al punto in cui era stata preparata la croce e scorgendola da lontano, gridò ad alta voce «Salute, o croce, consacrata dal corpo del Cristo e ornata dalle sue membra come da perle. Prima che il Signore fosse stato innalzato su di te, tu ispiravi una paura umana, ma ora, sorgente d'amore celeste, sei divenuta infinitamente desiderabile. I credenti conoscono le gioie che sono in te e le ricompense che tu prepari. Io vengo a te sicuro e gioioso, affinché tu riceva nell'allegrezza me, discepolo di colui che è stato infisso in te, perché ti ho sempre amato e ho desiderato abbracciarti O buona croce alla quale le membra del Signore hanno con­ferito splendore e bellezza, croce lungamente desiderata, fedelmente amata, assiduamente cercata, preparata ai miei ar­denti desideri, ricevimi di tra gli uomini e rendimi al mio Maestro, affinché colui che mi ha riscattato per tuo mezzo mi riceva anche per tuo mezzo ».
 
Cosi parlando si svesti e diede le sue vesti ai carnefici. Questi lo alzarono sulla croce, tesero tutto il corpo con funi e lo sospesero nel modo in cui era stato loro ordinato.
XI. Una folla di circa ventimila uomini era presente, e fra essi il fratello di Egea, di nome Stratocle, gridava col popolo che il santo era posto al supplizio in virtù di una iniqua sentenza. Ma Sant'Andrea dava conforto alle anime di coloro che credevano nel Cristo, esortandole all'accettazione delle pene passeggere e assicurando loro che il supplizio è nulla in proporzione al compenso di un premio eterno.
XII. Tuttavia il popolo si dirigeva gridando alla casa di Egea. Tutti gridavano che un uomo santo, casto, che inse¬gnava solo il bene, pio, modesto e ragionevole non avrebbe dovuto essere suppliziato, ma tolto dalla croce, perché, messo in croce da due giorni, non desisteva dal predicare la verità.
XIII. Allora Egea per timore del popolo, promise di farlo togliere dalla croce e andò con loro. Vedendolo sant'Andrea disse: «Perché vieni a noi, Egea? Se vuoi credere nel Cristo, il cammino del perdono ti è aperto, come ti ho promesso. Ma se tu sei venuto solo per liberarmi, non potrò essere deposto vivo da questa croce, perché vedo già il mio Re, io l'adoro, sono alla sua presenza e piango sulla tua disgrazia, perché la morte eterna ti è preparata e ti attende. Affrettati, infelice, mentre ancora puoi, che tu non lo voglia quando non potrai più».
XIV. Mettendo le mani sulla croce i carnefici non poterono in alcun modo raggiungere il suppliziato. Essi tentavano di svincolarlo l'uno dopo l'altro, ma nessuno poteva raggiungerlo. Le braccia di tutti coloro che le tendevano per liberarlo si trovavano senza forza. Allora sant'Andrea disse ad alta voce: «Signore Gesù Cristo, buon maestro, non permettete che io sia deposto da questa croce prima che tu abbia ricevuto la mia anima...». E mentre parlava così, una luce abbagliante, simile a un lampo piombato dal cielo, lo circondò alla vista di tutti, a tal punto che nessun occhio umano poteva guardarlo. E persistette intorno una mezz'ora, e quando la luce dileguò, egli rese l'anima, che se ne andò con quella luce verso il Signore, al quale sia la gloria nei secoli dei secoli.



                eroi e tstimoni di oggi
RICORDANDO UN AUTENTICO CRISTIANO:

    MARIO CERCIELLO REGA
Stralci dell’omelia di Mons. Marcianò:
 
 
“Basta! Basta piangere servitori dello Stato, giovani figli di una Nazione che sembra aver smarrito quei valori per i quali essi arrivano a immolare la vita! Valori che, dice Gesù, ci fanno essere «sale» della terra, sale che insaporisce, purifica, custodisce e ci fa «gustare la bontà del Signore» (Salmo 33[34]).
 
La morte di Mario risveglia in noi, in qualche modo, la nostalgia del sapore buono di valori come la legalità, la solidarietà, il coraggio, la pace…, troppo spesso sostituito dai sapori estremi del benessere, della violenza, delle dipendenze, che alterano il gusto della vita e non rendono capaci di custodirla.
 
Sì, davanti a questa morte ci rendiamo meglio conto di quanto valga la vita, ogni vita umana, e di come ogni popolo, religione, società, debba edificarsi sul comandamento che è a fondamento della giustizia e dell’umana convivenza: «Non uccidere»! …
 
Mario ha creduto che non c’è giustizia senza rispetto della vita; ha saputo gustare la sua vita con pienezza e gioia, vivere e morire per custodire la vita altrui
 
 
 
 
 
Lo ha fatto nel suo lavoro. Sconvolti, i suoi colleghi riferiscono di come incarnasse a perfezione la missione del carabiniere, con competenza e destrezza ma anche con una dedizione e una cura della persona superiori a ogni regolamento scritto; era capace – abbiamo sentito da tante testimonianze – di vegliare una notte intera in ospedale, accanto a una madre vedova e alla figlia, o di provvedere ai pasti e alla dignità dei criminali arrestati. Sì, ha servito persino la vita dei criminali, anche di colui che lo ha accoltellato e che, certamente, egli avrebbe voluto difendere dal dramma terribile della droga che disumanizza e rende vittime dei mercanti di morte, soprattutto i giovani. Voi giovani, invece, siete ricchi di tanti doni e potenzialità, come Mario, un giovane meraviglioso che ha scoperto il sapore dell’esistenza non nello “sballo” ma nel dono di sé: nel volontariato di barelliere all’Ordine di Malta, nell’essere uomo dei poveri e ultimi, dei senzatetto con i quali condivideva il suo tempo libero, i suoi averi, il suo sorriso.
 
E il suo sorriso ha occupato in questi giorni le prime pagine dei giornali, testimonianza di una non comune capacità di donare amore, amicizia, gioia. Era la sua vita, perciò ha potuto servire la vita fino alla fine, offrendo una lezione indimenticabile che lascia senza parole e ha fermato l’Italia, con una partecipazione di popolo poche volte registrata. Molti piangono un amico, un fratello: «Mancherà a tutti», ha detto in una delle interviste il suo comandante. E tu, cara Maria Rosaria, senti di aver perso tutto, perché Mario era la tua vita, così come era la forza e il sostegno della vita della famiglia: di te, mamma Silvia, del fratello Paolo, dell’amata sorella Lucia, custodita ancor più teneramente da quando il padre era tornato in Cielo.
A 22 anni entra in clausura: rinuncia e sacrificio? Dio ti dà il centuplo
Libertà e clausura. Un ossimoro per molti, non per chi ha questa vocazione. Lo ha testimoniato una giovane ragazza di Madrid che poco tempo fa è entrata nel monastero di Avila
 
Non c’è nulla di più scandalizzante per il mondo di una bella e giovane ragazza che non solo decide di dare la vita a Cristo, ma che sceglie di entrare in un monastero di clausura. E’ quello che ha fatto pochi giorni fa Lucia Lopez de Aragon Olesti, una giovanissima di Madrid di 22 anni, lasciando gli studi, la carriera e la sua vita quotidiana per entrare nel convento carmelitano di San José ad Avila, il primo monastero fondato da Santa Teresa.
 
Il 22 agosto scorso, infatti, Lucia ha iniziato la sua forma vocazionale e ha voluto spiegare agli amici e alla sua generazione perché si è lasciata alle spalle la sua vecchia vita. Non pretende di venire capita e, forse, non lo ritiene indispensabile. «Voglio essere una monaca di clausura, e non un altro tipo di religiosa, perché è lì che Dio mi ha chiamato. Abbiamo bisogno di ogni tipo di vocazione, anche la chiusura», ha spiegato in una video-intervista. «Per me è un modo di rispondere con la stessa radicalità con cui Cristo è morto e ha dato se stesso per noi».
 
Molti l’hanno avvertita che potrebbe sbagliarsi. «Mi importa del qui e dell’ora», lei risponde. Né ha paura di lasciare la sua vita precedente. «So che all’inizio mi costerà, ma sono convinta che Dio mi renderà felice nel convento, quindi non ho timori». Da quando ha scoperto questa vocazione su di sé «mi sono resa conto della pace così profonda che Dio mette nel tuo cuore quando accetti la Sua volontà». La prima volta che ha percepito la chiamata è stato durante la Giornata Mondiale della Gioventù nel 2016, soltanto due anni fa. «Fui presa dal panico, quella vita non mi ispirava affatto». Tuttavia, dopo aver a lungo riflettuto con il suo confessore spirituale se questa era davvero la strada che Dio le indicava, «ogni giorno dicevo di sì, dei piccoli sì, e la paura scomparve poco a poco lasciando spazio ad una grande pace nel mio cuore».
 
Lucia ha anche affrontato i pregiudizi di molti, anche di tanti cattolici, verso questa scelta. Ma come? Ti chiudi in quattro mura, tutta la vita? «Molte persone credono che la clausura è solo rinuncia e sacrificio, quando in realtà Dio ti dà il centuplo. C’è molto più da guadagnare e molta più gioia da vivere rispetto a quello a cui devo rinunciare». Per questo, dice, «non mi costa nulla lasciare vestiti, trucco o internet, perché l’amore che Dio ti trasmette è davvero molto più grande». Privarsi della libertà? Affatto, «non sono limitata nella libertà per l’essere rinchiusa, perché la libertà non finisce quando sei tra quattro mura. Quando sei nella tua stanza e devi studiare, non è che hai meno libertà. Semplicemente stai facendo quel che devi fare».
 
La clausura è una vita di preghiera, innanzitutto. Ritenuta legittimamente inutile da tanti, ma non dalla Chiesa. Papa Francesco pochi giorni fa, incontrando le suore benedettine, ha ricordato che «il motto “Ora et labora” pone la preghiera al centro della vostra vita. Ogni giorno, la vostra preghiera arricchisce, per così dire, il “respiro” della Chiesa. Il valore della vostra preghiera non si può calcolare, ma è sicuramente un regalo preziosissimo. Dio ascolta sempre le preghiere dei cuori umili e pieni di compassione». Preghiera, lavoro ma anche comunità, compagnia con le consorelle.
 
Ma, forse, lo scandalo e l’incomprensione maggiore nasce dal concetto di libertà, da tutti (o quasi), concepito come possibilità di fare quel che si vuole, assenza di limiti o legami, indipendenza totale. Ed è vero il contrario. Innanzitutto lo dimostra la tristezza e l’insoddisfazione, perenne, di chi ha “libertà” di far tutto e vuole sempre di più. E non gli basta mai. «Si, però, liberi da che cosa?». La vera libertà è, paradossalmente, una dipendenzada Colui che risponde al significato dell’esistenza. La vera libertà è il non dover più scegliere, perché si è già trovato quel di cui si ha davvero bisogno. Tale dipendenza la si può vivere fuori o dentro al monastero, dipende dalla forma vocazionale di ognuno. Ma, come ha detto la badessa Maria Cecilia, del monastero di clausura delle benedettine di Fermo (Marche): «Nel Monastero c’è quanto è necessario, non di più! “Il di più” ci distrae da Dio». La fonte della libertà.
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Data Ultimo Aggiornamento del Sito: 07/08/2020
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